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miércoles, 18 de marzo de 2015

Gonzalo Ruiz Utrilla. Cuando la sabiduría no tiene edad


INFORMA: Mª José Andrade
Fotografías: Mª José Andrade

Llevaba algunos meses siguiendo la pista de la Cumbre Europea que la Singularity University iba a celebrar en el Teatro Maestranza de Sevilla. Las fechas era lo de menos, lo importante, lo que me llamaba la atención, era el contenido, los conferenciantes y los temas que se iban a tratar durante los tres días que iba a durar.
Me pareció extraordinaria una idea que partía de la iniciativa privada y el interés, y la apuesta personal de Luís Rey, vicepresidente de la Fundación Goñi y Rey y director y profesor de Física y Química del colegio San Francisco de Paula de Sevilla, considerado uno de los 100 mejores colegios de España.
Muchos han sido los expertos que han compartido sus ideas, hablado de los inventos que están por venir y reflexionado sobre el impacto de la tecnología. Pero lo más apasionante de estos días, no han sido las conferencias en sí, sino el haber estado rodeada de gente que con su trabajo, su esfuerzo y su inteligencia van a transformar el mundo que conocemos.
Un enjambre de personas que trabaja de manera corporativa. Unidas por nexos indisolubles y sin ningún tipo de celo y competición entre ellos, por la sencilla razón de que todo lo hacen por el bien de la humanidad.
Yo he tenido la suerte de “entrar” en el corazón de Singularity, vivir la experiencia y conocer a gente que se ha convertido, sin proponérselo, en irrepetibles.
Tomando un zumo, en una de las mesas dispuestas para los participantes, y mientras esperaba que comenzara la conferencia de Brad Templeton (uno de los participantes del software para hojas de cálculos y compresión de archivos), se me acercó un chico con pinta de vivo y empollón.
Las normas de educación hizo que nos intercambiáramos el protocolario saludo. Me pidió permiso para comer una pasta de té para acompañar el café que se pidió y a continuación me dijo, pronunciando en perfecto inglés: “Yo he estado en Silicon Valley...en la Singularity”.
Esa fue la frase. El pie que dio lugar a una de las conversaciones más interesantes y enriquecedoras que he tenido en mucho tiempo. Creo que me equivoco cuando hago esta apreciación, porque mentiría si no puntualizara y dijera que jamás había hablado con nadie como Gonzalo Ruiz Utrilla.
La conversación de más de una hora confirmó la Teoría de la Relatividad de Albert Einsten: un minuto puede parecer una eternidad, pero a mi, lo que duró nuestra charla, me pareció un suspiro. Necesitaría meses para asimilar y procesar la cantidad de información que recibí.
Una clase magistral que no tiene precio. Un torbellino de sabiduría concentrada en un joven de 31 años, que con 22 consiguió su primer trabajo en IBM y que con sólo cinco ya leía ciencia ficción y se interesaba por la inteligencia artificial.
El libro, "Padre Rico Padre Pobre" de Robert Kiyosaki le cambió la vida y ante la sorpresa de su madre decidió dejar la seguridad de un trabajo, para comenzar a desarrollar proyectos de negocios en internet como Blogsfarm, FinancialRed, ViajesRed o bolsa.com
No sé decir qué tiempo verbal lo define, porque una tiene la sensación de que para él, el pasado no existe. El presente, a ratos y el futuro es ya, ahora, éste momento... Es vertiginoso y tiene una personalidad que no muestra fisuras a la hora de exponerte todo lo que sabe. Él vive la vida de manera intensa. Su potente forma de ser le hace ser así, vehemente y apasionado con lo que está viviendo y haciendo.
Saber, sabe todo, pero no es pretencioso ni presumido. Todo lo contrario, su naturalidad y sencillez lo hacen único a los ojos de ésta que escuchaba y ahora escribe.
¿Soy exagerada?. Les prometo que si lo conocieran se darían cuentan de que no. Su cabeza no para y tengo la sensación de que necesita verbalizar todo lo que bulle dentro de ella.







“¿Sabes que este teléfono (coge el Iphone y lo alza), tiene una tecnología más avanzada que la que se utilizó para llevar al hombre a la luna?¿Sabes que ya hay máquinas capaces de hacer diagnósticos médicos?¿Sabes que ya nos podemos comunicar con los robots telepáticamente?
¿Sabes que gracias a la iniciativa privada y con presupuestos mínimos el hombre va a poder viajar al espacio? ¿Sabes que cuando los reyes comían en la casa de los nobles lo hacía con cubiertos de aluminio porque a ese metal, de difícil extracción en esa época, se le daba más valor que al oro? ¿Sabes...? ¿Sabes...? ¿Sabes...?”
No a todo. No tenía idea de nada de lo que me estaba contando, por eso traté de guardar en mi mente todo lo que no era secreto, pero que hasta ese momento desconocía.
No escuché a Templeton. Seguro que dijo cosas interesantes, pero allí de pie tuve una conferencia, que era incapaz de interrumpir, para mi sola. Pude preguntar y una vez más confirmé mi teoría de que no hay un día de mi vida en que no aprenda algo. La sorpresa de éste es que la lección me la dio un joven que no dejaba de mirar de frente.
Un murmullo proveniente de la sala de conferencias anunciaba un descanso. Un grupo sonriente se acercó hasta nosotros. “Son mis socios”. Veinteañeros que comienzan a vivir.  Miradas limpias y divertidas que tienen mucho que enseñar pero que están ávidos por aprender. Ellos son los socios de Gonzalo Ruiz, gente que pone pasión a todo lo que hace y que trabajan sin descanso para conseguir el éxito.
Tendría que escribir sobre Singularity University y lo haré, pero conocer a Gonzalo ha sido una experiencia impagable que me ha llevado a dedicar esta crónica a él y a todos los que han participado en esta Universidad Singular.
La pasión es el inicio del éxito. Robert Kiyosaki.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

El increíble viaje de Javier Sierra a la Pirámide Inmortal.



INFORMA: Mª José Andrade
FOTOGRAFÍAS: Rubén Hergueta


En el año 2004 Javier Sierra quedaba finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja con su novela, La Cena Secreta. Hacía dos años que lo había conocido, pero esa noche vivimos la alegría del reconocimiento y la seguridad de que ante él se abría una puerta para compartir, con el mundo, toda su sabiduría, años de viajes y experiencias únicas.
Y lo consiguió. Javier Sierra es uno de los novelistas más reconocidos. Sus obras han sido traducidas a más de cuarenta idiomas y es el primer autor español que ha visto sus libros en el “top ten” de la lista de best seller de The New York Times.
A Javier le tengo que agradecer no solo su entusiasmo, cuando habla de sus libros, también su generosidad por haberme dado la oportunidad de escribir y por dejarse entrevistar cada vez que se lo he pedido, sabiendo de su apretada agenda.
Casi a las puertas de la Navidad, bajo la luz Ra y el Cinturón de Orión del pintor y escultor, Guillermo Pérez Villalta, nos sentamos a hablar.
A Javier Sierra no se le pregunta, se le escucha para aprender de él. Sus palabras te llevarán hasta su universo: un lugar donde la realidad y la ficción se fusionan gracias a la imaginación de este mago extraordinario.


El punto de inflexión en la vida de Javier Sierra comienza con un pensamiento dedicado a la muerte. A su propia muerte. Decidió escribir para combatirla y, al igual que nuestra especie, tratar de explicársela. ¿Lo ha conseguido?
La muerte realmente es el gran misterio. Es aquello que, probablemente, nunca terminaremos de resolver, pero cuando descubres que hay una forma de burlarla, que consiste en mantener la memoria de lo que tú has hecho en las personas que tú quieres, ves que puedes dedicar tu vida precisamente a eso.
Un escritor, cuando se pone a la tarea de trabajar en uno de sus libros, de alguna manera está regalando a sus lectores la energía que después a él le convertirá en inmortal.
Eso es lo que hago habitualmente y ese es el propósito de mi trabajo.


En Egipto se decía que las pirámides eran tumbas. Pero, sin embargo,  nadie  había sido capaz de encontrar un solo enterramiento. Decían también que guardaban tesoros inimaginables, pero todas se hallaron vacías. Era un error muy extendido considerar que su secreto consistía en algo tangible, material. Tu que has entrado en la Gran Pirámide de Giza, ilegal como reconoces, ¿qué has encontrado allí dentro?
Yo en la pirámide lo que veo es un esfuerzo del pueblo egipcio, de hace 45 siglos,  por recrear en este mundo, lo que está en el otro. De alguna manera, la Gran Pirámide debe ser vista como una especie de representación. De un modelo a escala del más allá en el que era encerrado el faraón, para que pudiera prepararse para su viaje definitivo.
En aquella época lo que se creía era que la salvación del faraón, bastaba para que se salvara el pueblo egipcio y por lo tanto a éste lo sometían a esa clase de pruebas. Pasar a oscuras por pasillos como los de la Gran Pirámide, enfrentarse a distintas cámaras y acabar en una gran habitación con un enorme sarcófago para terminar tumbado. Todo formaba parte de esa prueba en la que el faraón imitaba a Osiris. El único dios del panteón egipcio que murió pero que resucitó gracias a la magia.
La magia, en el tiempo de los faraones, no era una cuestión de creencia, ni entretenimiento. La magia era lo que articulaba el Estado.
La magia era para el pueblo egipcio, lo que para una democracia moderna es la Constitución.
Las pirámides son, en realidad, instrumentos de manufactura divina construidos para lograr la inmortalidad.

Primero fue El secreto egipcio de Napoleón en 2002 y ahora La Pirámide Inmortal. Volvemos a la oscuridad del Sarcófago de la Gran Pirámide, donde Napoleón rememorara distintos momentos de su vida. Se enfrentara a decisiones que tomó en un determinado momento.Un hombre que nunca se dejó llevar por el instinto, entrará hasta las entrañas de la Gran Pirámide, se verá a sí mismo y vaciará su alma ¿Deberíamos tener todos la oportunidad, como Napoleón, de hacer un recorrido por nuestra vida para pensar sobre las decisiones que hemos tomado?
Lo interesante de esto, es que todas las culturas de la tierra, tienen sus ceremonias o sus ritos de transito. Lo que ocurre es que en el occidente contemporáneo, esas ceremonias de tránsito las hemos dulcificado. Las hemos hecho muy light y por lo tanto no transmiten lo que debieran transmitir.
Cuando un niño nace, por ejemplo, y se le da un nombre, de alguna manera pasará por un rito iniciático que es el Bautismo. El niño adquiere su personalidad. Cuando ese mismo niño hace la Primera Comunión, se están disfrazando los ritos de tránsito, del mundo pagano, en las que el niño deja de serlo para convertirse en adolescente.
La ceremonia del Matrimonio, en los pueblos que nos precedieron, eran también ceremonias iniciáticas y estaban llenas de simbología en este aspecto. Todo esto hoy lo hemos reducido a un banquete, a una celebración superficial y poco más. La necesidad que deberíamos cumplir todos, pasando por este tipo de experiencias, es algo que deliberadamente hemos renunciado a pasar, porque el gran tabú de la cultura contemporánea es la muerte.
Nadie quiere hablar de la muerte. Nadie se plantea que es nuestro destino ineludible. Entre otras cosas porque si lo asumiéramos como tal, nuestra perspectiva de la vida, la perspectiva consumista y depredadora de la vida, desaparecería y muchos intereses creados se vendrían abajo.
Pensar en la muerte te hace más libre que aferrarte a una vida en la que, lo único que tienes que hacer es ganar dinero y gastar, ¿no?, que es, como nosotros planteamos la vida.
Es una pena que la visión de la existencia, del paso por este mundo sea tan pobre. Lo hemos reducido, simplemente, al bienestar del cuerpo y no a cultivar nuestra alma, nuestro pensamiento. En nuestra cultura pasa a un segundo plano. Es alucinante que eso esté pasando, pero bueno, son los tiempos que nos ha tocado vivir.

Mi general, ¿qué os ha ocurrido?
Aunque os lo contara, no me ibais a creer. Respondió Napoleón, turbado, a la salida del vientre de la Gran Pirámide de Giza.




Cuando hay una verdadera comunicación entre todos y una globalización de la información, es cuando más miedo nos está dando estar conectado con nosotros mismos.
Hay una búsqueda intensa del hombre, marcándose objetivos, casi imposibles, como, por ejemplo, subir el pico más alto del mundo para encontrarse a sí  mismo. Yo no la entiendo. ¿Por qué el ser humano se busca tan lejos?

Eso es una gran verdad, pero tiene que ver con la superficialidad con la que nos enfrentamos a la vida.
Creemos que las respuestas están todas fuera de nosotros, que hay que explorar, únicamente, el cosmos exterior. Pero hay un cosmos interior que es el que le ha hecho grande, desde que el ser humano se convirtió en lo que hoy es.
Hay que pensar en los artistas, en los poetas, en los filósofos y en la gente que ha levantado nuestra civilización. Todos ellos sacan su fuerza del interior, y de una visión del mundo que nace de una profunda reflexión íntima.
Hoy hemos conferido todo eso a los ingenieros, a los banqueros, a la gente que sólo hace cosas de cara al exterior. Y es lo que aplaudimos. Por eso la cultura está en horas bajas, porque parece que lo que viene de dentro no es importante. Sólo cuenta lo que viene de fuera, lo que pueda tarificarse o monetizarse y eso es un error de visión galopante que terminará con nuestra cultura.
El cáncer de nuestra civilización es, sin lugar a dudas, la falta de visión interior.
Dices que la poesía es la herramienta que los antiguos inventaron,  para decirnos que ciertas personas procedían de una familia especial, diferente, tal vez de raigambre divina. Amenhotep, hijo de un Dios y una mujer humana o Jesús de Nazaret, hijo también de Dios y María, son dos claros ejemplos. Era un tiempo en que había una verdadera conexión con lo sublime. ¿Se ha perdido ese vínculo con lo divino?
Digamos que el mundo se esfuerza en que lo perdamos, pero yo creo que nunca se pierde.
Carl Sagan, el gran astrofísico del S. XX y creador de la serie Cosmos para televisión, decía algo que entronca con la idea de que todos somos polvos de estrellas. De que todos somos de la misma materia que el sol, o que cualquier estrella lejana del universo y que, por lo tanto, existe una conexión íntima y sutil entre nosotros y la creación. Yo creo que ahí está la clave, lo que ocurre es que no nos entretenemos a pensar sobre ellos. Nos creemos que somos una excepción, algo aparte de la naturaleza, pero formamos parte intrínseca de ella.
Cuando descubrimos eso, tu visión de la vida y tu paso por este mundo, pese a todas las dificultades, se hace más luminosa.

Me estoy acordando de que una vez me dijiste que somos pura energía y que el ser humano apenas conoce su potencial para hacer y conseguir lo que se proponga ¿crees que algún día seremos capaces de conocernos a nosotros mismos y la fuerza que tenemos dentro?
Cuando perdamos el miedo. Lo que nos hace anclarnos, digamos, a lo más mundano es el miedo. Si te das cuenta, todas nuestras grandes obras, son obras que parten del miedo. Nos hacemos casas potentes y fuertes, para aislarlo de la naturaleza, del exterior. Muchas de las actividades a las que nos abocamos, son para distraernos, para no pensar y es que tenemos miedo. Tenemos miedo de asumir quienes somos y lo que somos.
Somos criaturas mortales, bueno, pues asumámoslo. Pero aprovechemos las circunstancias que tenemos para mejorar tanto personal, como colectivamente.
El día que perdamos el miedo seremos mejores.
Los humanos no comprendéis que vuestro origen y vuestro fin es convertiros en Dios mismo. Os integraréis en una conciencia tan grande como el universo, lleno de infinita sabiduría y amor. Os expandiréis.




La inmortalidad, eso que tanto deseamos, es un enigma para todos, pero los egipcios intentaron explicar qué había más allá de la muerte, a través de los latidos inconfundibles de los relieves de las piedras. ¿Consiguieron despejar esa incógnita?
Pues de alguna manera sí, porque su civilización hizo una profunda reflexión sobre la muerte y terminaron concluyendo con algo que me parece muy luminoso, muy útil para nuestros días: ellos no vieron la muerte como el fin, sino como el principio.
Para ellos la muerte era lo que llamaban, El Eterno Viaje, El Viaje del Millón de Años. La vida la veían como ese momento en el que uno prepara su viaje, para salir y reúne lo mejor que tiene a su alrededor para que ese viaje sea grato. Por eso los antiguos egipcios tenían esa preocupación por cultivarse, por tener música, por reunir las artes y las ciencias a su alrededor y llevarlas con ellos. Por eso representaban la vida en sus tumbas. No para, digamos, dejar un recuerdo a las generaciones venideras. Ellos pensaban que se lo llevaban al más allá. Esa es la clave de todo. Y el amor, porque el amor también es una parte del viaje.

Ahora que hablas del amor. Este es un libro que trata sobre el amor profundo, de hecho hay un aviso recurrente al protagonista, Napoleón, de que sólo el amor habrá de salvarle. ¿Será el amor lo que salve al ser humano y al mundo que conocemos? ¿Vamos a dejar que nos salve?
Esa es la decisión que tenemos que tomar como especie.
Jesús ya lo decía hace dos mil años y lo han dicho otros muchos personajes de la Historia. Al final lo que hará que evolucionemos, será que nos entreguemos al amor. Y el amor es lo único que nos va a salvar de eso que tanto tememos que es la muerte.
El amor es el que preserva el recuerdo, el que hace que nuestra energía no desaparezca nunca de los que se quedan aquí, sin duda, y además el amor es el que nos trae aquí.
Para mí, hablar de amor en una novela, como esta, es también un símbolo de lo que está en toda mi obra. De alguna manera, lo que propugna toda mi trayectoria literaria es volver a los orígenes, volver a la fuente y la fuente es el amor, porque sólo el amor puede llevar al amor

El libro nos hace preguntarnos cómo hizo Jesús para devolver a la vida a Lázaro y vencer, él mismo a la muerte y resucitar.
El secreto de su sangre divina, mitad humana, fue confiada a los sabios azules. Ellos esperarán durante siglos a un gran guerrero de Occidente que crea en la resurrección. Ese gran guerrero será Napoleón ¿Qué esperaban ellos de Bonaparte?
Lo que yo construyo con los personajes azules, o lo que reconstruyo con ellos, es un mito que está muy arraigado en los países del desierto, de Oriente Medio y es la existencia, en efecto, de sabios, o como algunos lo llaman, El Viejo de la Montaña. Ellos son los que preservan, digamos, la misión importante de la humanidad. De vez en cuando reaparecen para reinyectarla en nuestra sociedad.
En el caso de Napoleón, éste vive en el Siglo XIX, han pasado casi mil ochocientos años de la muerte de Jesús y yo imagino que esos sabios regresan, y ven a Napoleón un nuevo Mesías. Pero fue una opción fracasada: Napoleón se convirtió en un líder político, pero no en un Mesías del pensamiento.
La idea de Napoleón era ilustrar al mundo, transmitir a todos los países los avances del pensamiento de la Revolución Francesa, pero se quedó, solamente, en la imposición militar y eso lo hizo fracasar en su empeño.

¿Por qué hay una conexión tan grande entre Egipto y Francia, donde encontramos Pirámides como la de Fallicom en Niza?
Pues mira, eso es curioso. Los grandes padres de la Revolución Francesa, como Robespierre, querían convertir Francia en una nueva Tebas, una nueva capital egipcia. De hecho, Napoleón estaba convencido de que el nombre de París venía del termino antiguo, Par Isis, a la vez que Isis o del mismo valor que Isis.
Napoleón creía que la ciudad de París fue un centro de culto isiaco, desde la noche de los tiempos, es decir, que desde épocas, incluso, romana y anterior a ésta, había presencia de cultos egipcios en Francia.
Más allá de eso no te sé decir las relaciones. Nadie lo sabe.


Uno de los protagonistas de la novela, Alí, afirma que los ángeles se cruzan por nuestras vidas más a menudo de lo que creemos, que nos traen mensajes. En tus novelas siempre aparecen ¿Pero tú crees que somos capaces de sentirlos y descifrar lo que nos quieren decir?
Yo creo que sí, absolutamente. De hecho esa es una constante, cómo tú has referido, en toda mi literatura.
Mi primera novela La Dama Azul, ya estaba llena de ángeles. Después los recuperé en El Ángel Perdido y ahora vuelven a aparecer en La Piramide Inmortal. Yo creo en ellos y en que están entre nosotros. Creo que, de alguna manera, nos ayudan a evolucionar, o a superar los grandes momentos y que están ahí para empujarnos. Para convertirnos, a nosotros también, en ángeles. Porque tanto ellos como nosotros tenemos el mismo origen y somos polvo de estrellas, como decía Sagan.

Pero en las novelas de Javier Sierra también aparecen personajes oscuros. En La Pirámide Inmortal son los hijos de Set. Ellos son los hijos carnales de las criaturas más egoístas que ha dado la creación: los propios dioses. Pero el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. ¿Será por eso que el ser humano es tan egocentrista?
Pues es una reflexión muy profunda, ¿por qué nosotros tenemos estas características tan depredadoras?.
Cuando uno lee el Antiguo Testamento y se enfrenta a las actitudes de Yavé con respecto a los pueblos enemigos de Israel, uno descubre a un Dios terrorífico, irascible, vengativo, caprichoso, destructor. De alguna manera eso refleja algo en lo que ha creído el ser humano desde la antigüedad y es que todo en la naturaleza es bueno y es malo. Tiene una cara “a” y una cara “b”: el agua es buena, pero un tsunami es malo, el sol es bueno, pero en el desierto es terrible. Es decir, de alguna manera vivimos con esa dualidad y como decían los egipcios: lo importante es no dar un paso hacia ninguno de los dos extremos, hay que saber mantener el equilibrio. El equilibrio entre lo oscuro y lo claro, entre la luz y las sombras. Eso es el Maat, el equilibro. El lugar donde se encuentra la franja de la vida y  por donde nosotros podemos transitar.

Las creencias de nuestros antepasados y durante generaciones representó el ideal de enfrentamiento entre la Luz y las Sombras. Horus era hijo de la Luz; Set el de las tinieblas... los dioses nos dejaron combatir porque así ayudábamos a preservar el equilibro del universo... un eterno balanceo entre dos polos. Maat... el equilibrio... Contra quien hace el mal, ineluctablemente se hará el mal.


Hay un personaje, Nadia, que es una auténtica diosa que ofrece su cuerpo y su sabiduría a Bonaparte a través de la danza. La danza ha sido uno de los lenguajes más utilizados para comunicarnos con los dioses?
Absolutamente. La danza es uno de las artes más antiguas que existen. Es un mecanismo de expresión.
Nos podemos imaginar fácilmente a nuestros antepasados, en el Paleolítico superior, danzando alrededor del fuego.
Cuando la danza se convierte en rítmica, en cíclica, en absolutamente repetitiva, nos está dando, también, una pauta muy curiosa. Ese tipo de danza hace que nuestro sistema de percepción se altere, que nos mareemos, que entremos en éxtasis, que cambiemos de ubicación en el espacio-tiempo.
La danza, por lo tanto, fue entendida como una puerta a otros mundos, más allá de la materia, de lo físico, de lo que nos rodea y por eso es tan importante. Por eso yo le di esa característica al personaje de Nadia en La Pirámide Inmortal, que la convierte en la puerta que utilizará Napoleón, para dar el salto hacia otros mundos.


Hablas del lenguaje del alma. ¿Tú, cuando escribes, recurres al lenguaje del alma para hablar de cosas que están más allá de este mundo?
Pues la verdad es que lo intento. Tendré páginas más afortunadas que otras, pero ese es mi propósito. Conectarme con ese lenguaje, utilizarlo y enseñarle a mi lector a leer en ese lenguaje.
Ese lenguaje no solamente se lee como si fuera una aventura o un texto de entretenimiento. Yo no escribo ese tipo de novela. Las novelas que yo escribo tratan de conmover, de cambiar nuestra visión del mundo, de estimular interrogantes, sensaciones, de abrirnos a lo trascendente.




Al igual que el Templo de Luxor no deja jamás una duda sin satisfacer, las respuestas de Javier Sierra siempre están llenas de una reflexión profunda sobre la vida, el amor y la búsqueda incansable de la esencia del ser humano.
Con Javier Sierra el hombre se encuentra con el hombre y vuelve a su forma más primitiva, y al momento en el que conectaba con la tierra y con sus raíces. Al lugar donde el espejo en el que nos mirábamos nos devolvía la imagen y la semejanza de Dios. Volvemos a ser los gigantes que fuimos y, por un momento, tomamos consciencia de en lo que nos hemos convertido, y en como nos hemos alejado de nosotros mismos.

Gracias, Javier.

"Hay una tierra de los vivos y una tierra de los muertos, y el puente que los une es el amor, lo único que sobrevive, lo único que tiene sentido". Thornton Wilder. El Puente de San Luís Rey.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

José Luis Romero. La sal de La Mata.


INFORMA: Mª José Andrade 
FOTOGRAFÍAS: Alfonso Vargas 



Caminamos por la calle Calatrava de Sevilla y poco a poco nos vamos acercando a una de las plazas más bulliciosas de la ciudad. La Alameda se extiende infinita custodiada por columnas romanas sobre las que se erigen las estatuas de Hércules y Julio Cesar. Restos de Híspalis romana que recuerda lo que fue. Ejemplo de la ciudad que vive su presente sin olvidar un pasado glorioso.
El jardín más antiguo de España hoy se configura como un ejemplo de convivencia: lo viejo y lo nuevo, lo antiguo y lo moderno. Un paseo que no descansa. Que duerme y despierta en el mismo banco. Un paisaje donde los niños han vuelto a tomar la calle con sus juegos, gritos, saltos, risas y llantos. La Alameda es la vida misma. Y allí, en la vida misma, esquina con es la hora de comer, nos encontramos con José Luís Romero y su restaurante, La Mata 24, que abre a todos como si fuera nuestra casa.



¿Qué me recomiendas para empezar?
Que te diviertas comiendo.

¿Y para comer?.
La torta de Barro. Es uno de los mejores quesos que hay en España. Un queso que se hace en mi pueblo (Villafranca de los Barros, Badajoz). Se trabaja con una sola ganadería. La leche esta cruda, no esta pasteurizada. El cuajo con el que cortan la leche, es un cuajo vegetal que se consigue con la fluorescencia de los cardos borriqueros que hay en los campos extremeños. En su corteza no lleva ni cera, ni parafina, ni  fungizidas, con lo cual se puede comer entero. Con el algodón que lleva por fuera, que lo envuelve, te puedes hacer unas puñetas o un cuello.


El comensal mira sorprendido a José Luís y tras un silencio cómplice, ambos empiezan a reír. José Luís Romero es el dueño de uno de los restaurantes con más personalidad del barrio de La Alameda de Sevilla. La Mata 24 no sólo ofrece una buena carta, también propone una abundante ración de simpatía, risas y, sobre todo, una gran cantidad de amabilidad. Con un equipo que funciona como un reloj, José Luís se erige como el entrenador que sabe sacar lo mejor de la gente, que trabaja junto a él, y de los que nos sentamos a su mesa.



¿Cómo llegas a Sevilla?
Pues llegué por amor. Persiguiendo a una mujer. Me vine a Sevilla porque era donde estaba ella y busqué trabajo. Tuvimos una convivencia. [Con ironía] Vivimos, disfrutamos y nos cansamos. Aquello terminó, pero Sevilla me enganchó, me encantó. Y me quedé en Sevilla porque es una ciudad que era cómoda para vivir, estaba cerca de la tierra de donde yo vengo, Extremadura, y me planteé quedarme aquí. Me gusta muchísimo esta ciudad y me gusta mucho el carácter del sevillano. Yo creo que será Sevilla, o cualquier sitio, las costumbres populares hay que respetarlas porque es de lo que se nutre la ciudad. Participaré en algunas más y en otras menos, pero me gusta. Me gusta su gente, su clima, pasear por sus calles. No he conocido ninguna ciudad que me ofrezca lo que aquí encuentro. Me gusta viajar y es cierto que cuando estamos de vacaciones estamos bien en cualquier sitio, pero siempre me paro a pensar cuando salgo de viaje, si me quedaría a vivir en esa ciudad, pues no. Me falta la luz,... el estilo de vida.
Sevilla tiene el calor humano y al no ser una ciudad grande, es una ciudad cálida, no sólo por su temperatura, sino por su convivencia, por sus formas de ser.


¿Por qué te decides a montar un restaurante?
Yo deje mi trabajo por esto. Lo propuse en mi casa, analizamos los pros y los contras. Yo decía que Sevilla necesitaba un lugar así, que hacía falta y que podía funcionar. Mi familia me apoyó incondicionalmente,... Así empezó La Mata.
Monto el restaurante por la importancia que tiene para mí el sentarse a una mesa. Desde pequeño me llamaba mucho la atención el mundo de la cocina. Mi madre me enseñó a disfrutar y cuando la miraba mientras cocinaba, observaba como siempre le ponía “algo”. Ese algo era la sal. Siempre estaba pendiente de cuando lo hacía.
Poco a poco me daba cuenta de cómo me gustaba verla hacer de comer y eran miles las preguntas que se me ocurrían. Luego empece a estar pendiente de cuando subía la leche, a subir el fuego y bajar el fuego. Ella me enseñó a pelar las patatas, a limpiar guisantes. Más tarde comencé a cocinarlos.
Yo vengo de una familia numerosa que disfruta alrededor de una mesa. Para mí, es de los momentos más bonitos que tiene el día. El corazón de mi casa es la cocina. No hay cosa más hogareña que entrar en una casa y que ésta huela a puchero, a arroz,... a vida. Es que eso es la vida.
En casa organizo comidas, pero lo que más me gusta es organizar desayunos. Me encanta desayunar en casa. Odio hacerlo en la calle.
A veces enciendo el horno para desayunar. Me encanta una buena tostada con queso gratinado por arriba con un poco de cebolla y un poco de tomate, para mí eso es una tostada en condiciones.




¿Qué sientes mientras estás cocinando en La Mata?
La Mata 24 me llena mucho. Yo digo que si al hombre, desde que tiene uso de razón, lo que más le llena es crear, con este trabajo es fácil de conseguir. Porque aquí creas y el efecto es rápido, no es cómo el científico que tiene que esperar años para ver resultados, aquí no, aquí viene alguien y cuando observas como coge pan para saborear lo que queda en el plato, ves cómo disfrutan a la hora de comer y eso es lo más importante.

¿Cómo es tu relación con tus clientes?
Me gusta facilitar el ambiente para que hagan lo que quieren hacer. Si quieren conquistar a alguien, lo sentamos en la mejor mesa. Si vienen a hacer negocios creamos el marco óptimo para que puedan “cocer lo que quieran cocer”. Si vienen a celebrar un cumpleaños, o una cena en Navidad, o cualquier compromiso, o simplemente hacer de cicerone de la ciudad, siempre estamos pendientes.
Creo que la restauración se ha convertido en algo tan imprescindible como puede serlo el peluquero, el que te viste, tu carnicero, o hasta tu fontanero. Tienes que tener a alguien de confianza que te sepa responder, porque hay ciertos momentos en los que necesitamos un restaurador. Un sitio en el que sabes que no te van a fallar, donde te faciliten todo para que tú te relajes y hagas lo que tienes que hacer. Este es mi trabajo y es lo que más me gusta.



Junto a la ventana principal y acompañados por la banda sonora del sonido de cubiertos, choque de platos, risas y conversaciones diversas continúo la conversación sentada con José Luís. La ventana no es más que el cuadro costumbrista de la vida de cualquier ciudad. Un cruce de caminos por el que hay un tránsito continuo.


¿Cómo se ve la vida desde La Mata?
Desde La Mata se ve un mundo muy real. Un lugar donde la gente va y viene, y donde la convivencia es muy honesta. Todo el mundo convive en este barrio. Te encuentras con gente mayor, con el hippy, con el artista, con el farmacéutico, con la chica que hace la calle. Aquí convive lo viejo y lo nuevo, lo clásico y lo contemporáneo. Todo el mundo cabe en este barrio y desde esta ventana se puede ver la vida.



Cuando estás en La Mata, lo de menos es comer. Llegas y es como si entraras en un lugar donde los problemas no existen. Te sientes bien. ¿Cómo se trasmite esta sensación?
Creo que del mismo modo que yo lo pido cuando voy a algún sitio. Si voy a comer, a compartir con un amigo, con una pareja, o con un compañero de trabajo,... voy buscando una forma, un sitio y un lugar donde encontrar esa tranquilidad y ese acogimiento.
Yo no me planteo nada, me sale solo. Pero es la pasión por el trabajo lo que me hace llevar tranquilidad a los demás. Valoro mucho todo lo que pueda enmarcarlo, o todo lo pueda agrandarlo, magnificarlo. Aunque nos salgamos de la comida, hablamos de encontrarnos con una buena música, una buena silla, un buen ambiente. Yo estoy en la búsqueda y conquista de todo esto, porque es aquí donde el factor humano influye y complementa una buena comida.


Lo más llamativo son las referencias que hacen con respecto al servicio. A ti, José Luís. Al buen hacer de un equipo sincronizado ¿Cuánto cuesta ser agradable y educado?.
Vas aprendiendo para salvar cualquier situación que se pueda plantear. Pero costar no cuesta. Yo le doy mucha importancia al factor humano. Al buen servicio. Cómo dirigir, cómo escuchar,... cómo tratar a la persona como alguien único.
Hay que anticiparse a lo que van a celebrar, por ejemplo, si es un cumpleaños, si una petición de mano, si es una reunión de negocios. Saber todo esto es muy importante para no sólo preparar todo lo que necesiten y queden satisfechos.
Llevo muchos años trabajando en esto, me gusta tanto y es tan divertido. Hay tantas cosas positivas, que pocas veces me equivoco con las personas que entran aquí.
Cuando veo que alguien se enfada con su pareja, hecho mano de cualquier guiño o digo cualquier cosa que pueda romper la tensión. Con una risas, se relajan los músculos, se relaja el cuerpo, circula la sangre de manera distinta y si a eso le metemos un buen aroma y un buen paladar y un buen vino, ten por seguro que poco a poco se van relajando.
Yo creo que lo más importante de La Mata 24 no es la comida en sí, son los clientes a los que les doy de comer. Ellos me permiten trabajar con libertad y disfrutar de lo que hacemos, para terminar agradeciéndolo.



José Luís es expresivo. Su estado natural es la risa. No para de reír y es en este momento cuando pide un buen vino para regar nuestra conversación.
La primera vez que vine a La Mata 24 era invierno. Hacía un frío infernal. No había sitio y no queríamos sentarnos fuera. Pero tú dijiste que no sería problema. Que nos traerías unas “mantitas” y todo arreglado. Pensamos que estabas de broma. Pero no. En un minuto estábamos todos envueltos en calor de madre y riéndonos contigo.


¿Eres una especie de adivino que sabe lo que necesita cada cliente?
Yo creo que trabajando con el público durante años, se aprende. Hay un lenguaje no verbal que tú comprendes antes de que nada suceda y que te permite solucionar cualquier eventualidad.
Yo ofrezco lo que tengo de la mejor manera que sé hacerlo: con una sonrisa, con amabilidad.  Esto es quizás lo que atrapa a la gente que llega hasta La Mata. El hacerlos sentir únicos. Tratarlos con dedicación. Pero esto lo hace la experiencia.
A mi me gusta invitar a que se sienten, no obligar a que lo hagan y para eso utilizo los recursos de los años de trabajo. Simplemente quiero demostrarles que si se sienta conmigo, lo van a pasar bien, van a disfrutar y no van a olvidar este momento.
Mi empeño es que recuerden este lugar como algo agradable y positivo, independientemente de que vengan a comer.


El pequeño y acogedor lugar donde nos encontramos está salpicado de “acuarelillas divertidas”. Juguetes del artista, Carlos Montaño Rivero. Frescos que pasan casi inadvertidos si no fuera por el contenido de algunos  de ellos. Todo encaja en una perfecta armonía. ¿La vida debería ser como este diminuto oasis?
Yo creo que lo tenemos al alcance, pero no nos paramos. No nos fijamos. Pero sí, nos deberíamos buscar pequeños oasis que nos llenen, que nos estimulen, que nos hagan sentir vivos. Que nos despierten sentimientos y emociones. Esa es la vida.
Vivir es una cosa muy seria, pero nos tenemos que enganchar a todo lo positivo y a todo lo maravilloso que nos ofrece. Me encanta crear placer. Si te ves con capacidad de poder transmitir, dar y ofrecer algo positivo, es más cómodo para luego compartir con quien quiera hacerlo. Me gusta provocar sonrisas.



“No hay una edad para empezar a ser elegante ni para dejar de serlo” y “es muy importante ser importante, pero es mucho más importante ser agradable” son las dos frases contundentes que te encuentras en los baños del local, pero ¿Cómo es la gente?
La gente que entra aquí, no solamente es elegante y educada, sino que también entra con la libertad de poder expresarse y eso es lo que más me gusta. Que se sientan que vienen a casa de un amigo a comer, no a un sitio más, sino a casa de alguien que sabe que les está esperando, que les va a recibir. Aquí puede más la libertad que la elegancia.


En la mínima cocina se mueven los cocineros entre comanda y comanda. “Oído cocina” es su grito de guerra. Olores y aromas se mezclan sin estridencias. Presenciamos un desfiles de platos festivos, llenos de color, y todo ello aderezado por la risa contagiosa de José Luís. ¿Y cuando no se tienen ganas de reír?
Pues hay que tomárselo como un trabajo y el trabajo lo haces de una forma que va viniendo sola. Es como el que se dedica a cantar y no le apetece y sigue cantando, o el que tiene que bailar y sin ganas tiene que seguir bailando. Pues esto es igual que cualquier otra profesión, cómo cualquiera que va a su trabajo con un dolor de muelas, o de cabeza, y tiene que sacar el trabajo adelante. Utilizo armas y recursos para que no se me note cuando no tengo un buen día. Pero para mí no me supone un esfuerzo.



Dicen que la globalización uniformiza. Muchos tachan el concepto como algo negativo, pero en La Mata es todo lo contrario. Aquí la globalización es la mezcla total. Un mestizaje que se hace patente en un barrio multicolor y diverso, pero perfecto, como es La Alameda. ¿Qué ha supuesto la globalización en la cocina?
La globalización le ha sumado a la cocina. Todo lo que sea adquirir conocimiento, hace que fluya de una manera más abierta y más receptiva. En la cocina se intercambia tanta cultura con los ingredientes, con las especias, con la forma de hacerlo, que es una forma de crecer.
Ya no sólo es la tradición, la receta de tu madre, ahora es fusión. La cocina es un sinfín de imaginación y creatividad, y cuanto más conocimientos tengas, el poderlos utilizar, te hará crecer más, y jugar con todo lo que sabes.
La globalización es algo positivo y mi cocina está abierta a todo el mundo siempre y cuando, sepa entender cual es mi filosofía. Cuando entra alguien a compartir el trabajo conmigo, siempre hago hincapié en que realice un plato que sea suyo, que lo identifique.
Ahora están trabajando conmigo dos cocineros marroquíes, pues bien, tenemos platos de su país de origen, Marruecos. Cuando tuvimos a un cocinero austriaco, pues pudimos ofrecer comida austriaca como el strudel. Este es el concepto que tengo de la cocina. Que conozcan la filosofía del restaurante, pero que por supuesto, hagan algo que les haga disfrutar haciéndolo.


Representas a la nueva generación que tira de un país triste y desilusionado por la crisis, pero con mucha gente, como tú, con ganas de luchar. ¿No crees que nos encontramos en el mejor momento para empezar?
Sí y no soy de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor. Creo que siempre hay algo mejor, que tenemos conocimiento, información, recursos para poder salir a flote y veo todo mejor y no tan negro como lo pintan, pero tampoco tan maravilloso como nos contaron que era. Yo soy más positivo que negativo.




Quiero que me cuentes una anécdota de las muchas que habrás vivido.Un viernes sobre las nueve me llamó un amigo hoy, un cliente aquel día. Quería que le echara una mano. Era su aniversario y no le había comprado nada a su mujer. No pasaban por su mejor momento y casi me suplicó por una mesa en el restaurante. Esa noche estaba lleno y hasta las diez no podía ofrecerle una.
Su mujer no bebe alcohol. Fui a comprar cava, porque cuando hay algo que celebrar, yo siempre digo que tiene que haberlo y también compré flores. Cuando llegaron ya tenía la mesa preparada con todos los detalles.
Su mujer me comentó que pensaba que se había olvidado de su aniversario y yo le dije que de ninguna manera, que hacía dos meses que estaba hecha la reserva [risas].
Todo el mundo entiende la hostelería como algo muy básico. Llevar y traer vasos y platos, pero no, la hostelería es mucho más compleja que eso. Es principalmente saber a qué vienen, a comer ya lo sabemos, pero a qué más. Cuando tú tienes esa información y sabes a quien tienes enfrente y a esa persona la tratas de forma exclusiva, única y personal, eso es lo más importante.  A la gente le gusta ir a sitios donde les hacen sentir especial.
Me gusta mucho mi trabajo, me encanta. No sé si podría hacer otra cosa y me gusta que todo salga bien, porque esa es mi misión,... que todo salga perfecto. Soy feliz y me encanta hacer feliz a la gente que me rodea.


José Luís me dijo un día que él era su mejor cliente. Es mentira. En torno a él se reúnen los incondicionales que repiten a su mesa. Todos los días una cuadrilla de amigos comparten amistad y vino de vuelta a casa, convirtiendo ese momento en algo sagrado. Algunos pasamos y enseguida somos invitados a una charla que no te es ajena. Conversaciones que no llevan nada más que a compartir vivencias y sentimientos.
En La Mata 24 somos únicos, singulares y exclusivos, porque allí está José Luís Romero. Alguien positivo y lleno de energía que te hace sentir diferente y especial,  y por un momento, entre guisos y esencias de especias que te devuelven a tus recuerdos, la vida te parece, simplemente perfecta.




miércoles, 12 de noviembre de 2014

Alex Rovira. Porque creer más crear es igual a lograr.


INFORMA: Mª José Andrade
Fotografías: Mª José Andrade


“Michael Eisner, presidente de la compañía Disney, se dirigía a sus trabajadores con un contundente thinking big -piensa a lo grande-...¿cómo hay que pensar?”. Así comenzaba Alex Rovira, escritor, conferenciante y emprendedor español, su intervención en el Congreso de Directivos 2014, celebrado en Sevilla.
   
Rovira se paseaba por un amplio escenario y comenzaba su conferencia Creer, Crear, Lograr, ante un numeroso público entre los que se encontraban más de 300 estudiantes que  rompían el silencio con sus aplausos y risas ante las ocurrencias del protagonista. La primera cuando se refirió a su presentador, Luís Miguel Martín Rubio, que, con su arranque torero, hizo que Rovira reconociera que lo había dejado “anonadado”, por esa presentación tan sentida.

“¿Podemos lograr lo que queremos?. Si no creemos, no creamos y si no creamos no podremos lograrlo”. De esta manera el escritor empezaba a desgranar los tres verbos que conjugan la realidad. De una manera estructurada y utilizando cada uno de ellos como epígrafe.

La paradoja del vaso medio lleno o medio vacío, la convirtió en una historia de dos vendedores de zapatos en un país donde todos iban descalzos. Mientras que uno decía que no se vendería nada, el otro afirmaba que los venderían todos. Afirmaba que la mirada es la que condiciona el mundo, la postura existencial. Incitaba para que estableciéramos un diálogo interno con el otro y una construcción con la realidad.

El conferenciante se refería a la crisis como un revulsivo que nos ha hecho más exigentes y afirmaba que sin una psicología sana, no podría haber una economía sana.

Pero como una historia vale más que mil argumentos, se sirvió del diario de vida de Dick Hoyt. Un relato que hizo que nuestra mirada hacia el otro, condicionara nuestro ánimo y por lo tanto nuestro pensamiento.

Jamás sin ti, es el documento gráfico del que se sirvió Alex Rovira, para ejemplificar lo que significa Creer. Teniente coronel de los Estados Unidos, Dick Hoyt no era amante de los deportes. Su fobia al agua le impedía nadar, pero una discapacidad de su hijo, adquirida a la hora de nacer, provocará en él la voluntad de cambiar lo que los médicos diagnosticaron: la inmovilidad y la incomunicación total. Desde el principio Dick Hoyt luchó para eso no fuera así. Cuando vió la computadora que ayudaba a Stephen Hawking a comunicarse con el mundo, decidió que ese aparato sería lo que le ayudaría a hablar con su hijo.

“¿Hijo me entiendes?. Por supuesto, papá”. Esa será la primera frase que transcriba al ordenador. A partir de ese momento, padre e hijo sellarán un trato que los unirá para siempre: si estudiaba y terminaba una carrera universitaria, el padre se prepararía para cumplir el deseo de su hijo: correr juntos.

Hoyt se preparará a conciencia y se convertirá, junto a su hijo, en campeón de triatlón de su categoría. Gracias a la inspiración del padre, el hijo es hoy en día un experto en sistemas de ayuda a discapacitados,  conferenciante internacional y tiene un nivel intelectual por encima del 120%.



Tras ver el vídeo, el auditorio aplaudía lleno de emoción. Todos sentían que el esfuerzo es fundamental para conseguir lo que el ser humano se proponga. Si él había podido, por qué nosotros no.
Rovira afirmaba que el esfuerzo es una pieza más en el camino de la especialización y que el mensaje está en la acción y en la coherencia, y que sin valores no puede haber valor. Dick Hoyt fue una piedra de apoyo para su hijo y esto tiene que servirnos a todos para que seamos piedras de apoyos, los unos para los otros. Para crear vínculos que nos unan. Concentrarnos en pequeñas victorias (por ejemplo un examen) y revindicar el reconocimiento y el aprecio por los demás.

Rovira ya había hecho Creer a los presentes y ahora comenzaba a Crear. Con una frase del filosófo, Ortega y Gasset, abría la segunda parte de su intervención: Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande.



Nadie sabe lo que va a pasar en el futuro, afirmaba, pero hizo un resumen del mañana que ya es hoy y que ocupa parte de nuestras vidas: la demografía se duplicará, la esperanza de vida aumentará, el mundo se moverá en la red, la economía de hoy es internet. Ya vivimos en una realidad aumentada, donde los automóviles se aparcan solos. Utilizaremos materiales milagrosos como el grafeno, las compras se realizarán colectivamente, lo que dará lugar a una nueva forma de economía. Los cables desaparecerán, la nanotecnología generará inventos que ayudarán al ser humano a sobrevivir en situaciones extremas. Habrá más turismo (más de cien millones de chinos viajarán, en 2018, fuera de China). Serán necesarios más artesanos, por lo que se generarán nuevas profesiones. Habrá más cooperación en un mundo que pide transparencia, ética y sentido de la cooperación.





Alex Rovira insistía en que son necesarios los valores para generar valores, esperanza para que nuestra realidad sea como queremos que sea y anticipación para el mundo que está por venir, porque una vez  que creamos y creemos, será más fácil Lograr.

Todos los que escuchaban la conferencia respaldaban las frases contundentes que llenaban la gran sala donde se concentraban casi dos mil participantes: “hay que tener compromiso, amar y querer, aprender y saber, poder y saber, crear y llegar”.

Y Rovira, ahora sí, se dirigía de tú a tú a todos los que allí nos encontrábamos y animaba a la empresa a crear una cultura del talento para que nos oriente al futuro y a ser responsable porque  será la que cambie el mundo. Un mundo donde la ética será el factor que cohesiones los demás valores y donde todos, al igual que Dick Hoyt, lograremos lo que nos propongamos creando y creyendo en nosotros mismo y en los demás.


EPÍLOGO: Ojalá mi querido amigo Berto, también en silla de ruedas por el mismo motivo que el hijo de Dick Hoyt, hubiera visto sus vídeos. Hizo un esfuerzo sobrehumano para poder quitarse la vida porque no podía soportar su soledad. Su madre le dio todo su amor, pero su padre jamás reparó en él.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Paco de Lucía. Las manos de la guitarra


INFORMA: María José Andrade Alonso
Fotografías: Alfonso Vargas

El Dormitorio Bajo del Espacio Santa Clara, sede de la XVIII Bienal de Flamenco de Sevilla, es un oasis donde el color del otoño aún no ha llegado. El sonido del agua invade la tarde. Algunas sombras cruzan el espacio silenciosamente. El sonido de instrumentos indefinidos llegan desde el conservatorio de música.
Deambulo sola y a oscuras por una sala llena de Paco de Lucía. Siento que sus ojos se clavan en mi curiosidad y por un instante siento que su intimidad es la mía.
A las seis en punto de la tarde, la guitarra de Paco de Lucía inunda cada rincón del lugar que se ha constituido en templo a su persona y donde reposa lo más íntimo del guitarrista: las manos de broce esculpidas por Nacho Falgueras y que una y otra vez exploraron el mundo infinito del instrumento que lo hizo grande.
El periodista y Comisario de la exposición, Juan José Téllez, aparece sonriente a la entrevista con su libro, largamente prometido, a esta que es su amiga: “Yanitos. Viaje al corazón de Gibraltar (1703-2013)”.
Sentados en un rincón del patio hablamos del hombre al que tan bien conoció y por el que siente una profunda admiración.
Fotografías, material gráfico, discos, libros, trofeos y partituras, procedentes de colecciones  privadas, llegan hasta el visitante curioso. Objetos íntimos, imágenes y retazos de la vida de uno de los mejores arquitectos de la música, se encuentran expuestas en vitrinas que velan por su intimidad. Miradas inescrutables de un hombre que expresó lo que sentía a través de la guitarra y que buscaba, a través de ella, volver a sus orígenes.







Juan, yo siempre me he preguntado ¿qué es lo que siente un artista para sacar la belleza interior? ¿Qué piensa?, ¿cómo vive ese momento casi sagrado de la creación? Ahora que tengo la oportunidad de saberlo, porque tú conocías muy bien a Paco de Lucía. Necesito que me cuentes los sentimientos profundos de este artista y cómo conseguía, a pesar de su timidez, transmitirlos a través de esas manos infinitas que dan la bienvenida a la exposición.
Yo creo que hay mucho de genio en todo eso, de instinto natural, pero también de formación y de placer.
Sólo se hace bien lo que a uno le gusta hacer y Paco disfrutaba con la música y disfrutaba con la guitarra con la que tenía una relación de amor y de odio tremenda.
Yo recuerdo una vez que me dijo que la guitarra era una “hija de puta”, que la detestaba. Pero no podía pasar sin la guitarra, era una especie diferente. Paco era una especie de mutante al que le había crecido un tercer brazo que era la guitarra, o una garganta de madera por la que él cantaba y que eran sus cuerdas. Él habría querido ser cantaor, pero era tan tímido que se escondía detrás de esa guitarra.
Paco era un genio, tenía mucho talento, pero sobre todo disfrutaba tocando aunque le mortificara tocar y le mortificara grabar, porque también era consciente de la responsabilidad que la Historia le había dado. Él decía que no podía cometer errores porque le copiaban tanto y le seguían tantos, que podía hacer que otros muchos guitarristas pudieran cometer errores.



Aprendió que las musas llegan cogiendo la guitarra a diario.







Cuando murió Paco de Lucía, tú afirmaste que “la música ya existió antes de Paco de Lucía, pero sin él no será la misma”. Ahora que se va acabando el año, y en el contexto de un otoño lleno de luz como el que se vive en Sevilla por la celebración de la XVIII Edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, ¿se hace más evidente el vacío dejado por esta leyenda de la guitarra?
Es que Paco de Lucía no ha dejado vacío, lo que ha dejado es una obra inmensa que ha transformado la música y no sólo el flamenco.
Yo dije aquello porque el flamenco no es igual después de Paco de Lucía. Paco de Lucía ha incorporado al flamenco la sabia de otros territorios musicales, de otras tradiciones, de otras matrices creativas. Pero es que también ha transformado el jazz. La presencia del flamenco en el jazz venía siendo una constante desde el año 1924 cuando Morton crea “Tía Juana” y después, por supuesto los Sketch of Spain de Miles Davis, pero claro, nunca se había fusionado el flamenco con el jazz como lo hace Paco. Por lo tanto, Paco también transforma el jazz latino, eso que ahora se le denomina Jazz Latino.
Él incorpora otra manera de improvisar, otra manera de estar y otra dimensión musical completamente diferente al jazz, sin que deje de ser jazz. Incluso en la música clásica. Los clásicos están acostumbrados a ir al huerto del flamenco a robar una soleá, una seguirilla, una caña e incorporarla a sus partituras.
Paco hace el viaje contrario; salta al huerto de la música clásica y aquellas melodías, ya sean de Falla, Albéniz o del maestro Rodrigo, inspiradas en el flamenco, las devuelve al flamenco y los puristas se enfadan: "esto no es lo que hicieron Rodrigo, Albéniz, ni Falla". Pues claro que no es. Es Rodrigo, Albéniz y Falla interpretado desde el flamenco, que es lo que hizo Paco.


Estás diciendo que él inventó otras músicas y que asimiló otras. Afirmas que veía la música desde otras perspectivas y que ésto no gustaba a los puristas y hablando de los escrúpulos de éstos hacia su música. En los sesenta su vida se cruza con la de Camarón de la Isla. Es entonces cuando comienzan una relación única, mágica, diferente. Juntos y por separado consiguieron que el flamenco más popular llegara a todos, algo que no gusto a los más ortodoxos ¿Qué asustaba tanto de este nuevo modo de hacer el flamenco de siempre?
Los puristas, ¿a qué le llamamos puristas? En los años cincuenta había un movimiento preocupado porque el flamenco perdiera su sentido, perdiera su originalidad, perdiera orígenes primitivos, canónigos, ortodoxos y se convirtiera en otro tipo de música. Cómo si el flamenco no se hubiera contaminado siempre de otro tipo de música.
La Niña de los Peines, por ejemplo, incorporó unas coplas de carnaval al flamenco. Carlos Montoya y Ramón Montoya también incorporan un saxo a su impecable flamenco en los años treinta.
El flamenco hubiera sido imposible si hubiera estado en las estrictas manos de los puristas porque se habría fosilizado, se habría quedado como otra disciplina musical anclada en el tiempo.
El gran arma secreta del flamenco es que ha sabido evolucionar y ha sabido adaptarse a cada tiempo sin perder su originalidad, que es en definitiva su única pureza, su estirpe mestiza y Paco y Camarón representaron como nadie esa estirpe mestiza. Ellos no traicionaron en ningún momento el flamenco.
Camarón cantaba raro para la gente de su época, no les gustaba aquella voz y Paco era un virtuoso que hacía cosas extravagantes, como profanar el templo de los clásicos en el Teatro Real de Madrid, cuando su presencia era habitual desde los años sesenta en teatros de la ópera de medio mundo: de Viena, Sidney, pasando por el Budokan de Tokyo. Entonces la concepción del purismo, de los llamados puristas era muy inmovilista.
Uno entiende que Antonio Mairena y Antonio Molina digan: “vamos a poner pie en pared” y vamos a crear un canon para que se sepa en el futuro cuales son el origen del toque, del baile, del cante; pero una vez creado ese puerto al que volver, ya podemos navegar libremente.
Paco y Camarón lo hicieron y supieron atraer a nuevas generaciones al flamenco. Supieron, sobre todo, atraer un ejército absoluto de músicos sin orejeras, sin traba alguna; que sabían arrimarse al toro de la experimentación, aunque a veces ese toro les cogiese y les provocara heridas de lesa majestad. Ellos supieron también abrir las puertas a nuevos mundos musicales, sin perder un ápice del flamenco.
Paco de Lucía jamás dejó de ser flamenco y salía a cazar a otros territorios musicales, pero siempre volvía a la cueva del flamenco.



Mientras aquellos dos chicos están grabando en Madrid en 1970, el tiempo subterráneo de la vida se ha llevado a José y ha envejecido a Paco.Un caballo furioso y de medio loco de fuerza y de piedad, galopa por la noche, de Algeciras a San Fernando y de San Fernando a Algeciras. Nadie lo ve. Galopa en sombra, es inmortal y esta desesperado". Félix Grande.


Tú dices, repites e insistes en que nunca abandonó el flamenco, pero Paco y Camarón exploraron en terrenos del pop, el jazz, la salsa y el bossa-nova. Dieron lugar al mestizaje, a la fusión. Iniciaron un camino que muchos han imitado, pero ellos fueron los primeros. ¿Qué supone ser los pioneros para bien, pero también para mal?.
Recuerdo que Manolo Caracol incorporaba el piano y melodías que no eran flamencas a su repertorio. Que buena parte del repertorio de los flamencos de posguerra estaba tamizado de músicas tan diversas como el bolero. Es que hasta la guía telefónica cabe por bulerías. En fin, que estamos hablando de una disciplina musical, como es el flamenco, que es una esponja.
Jeff Beck grabó con Sabicas en los años sesenta, cuatro años antes de que Paco entrara en el Festival de Jazz de Berlín de la mano de Pedro Iturralde y grabara dos discos con el nombre de Paco de Algeciras con Iturralde: Flamenco Jazz y que no era flamenco por un lado y el jazz por el otro, sino un mestizaje. Era más un diálogo que una fusión.
La fusión es buena. El flamenco anticipó la globalización desde la música y se nutrió de la world music, del jazz, de la música clásica, de la música brasileña, de la música latina, del fado,... de todo lo que tuviera alma.
Paco de Lucía decía una frase que a mí me gustaba mucho: “toda la música de los pueblos con la nevera vacía se parecen”. Hay un mismo espíritu en el hambre: nos une como hermanos de sangre en la misma inspiración y claro, lo que no cabe en la confusión, la utilización perversa del flamenco para intereses comerciales. Pero siempre que se haga con afán creativo legítimo, que más da que Paco interprete soberbiamente con su guitarra dos temas de Joan Manuel Serrat, espléndido, o de Luís Eduardo Aute, o que haga lo mismo en un disco del humorista de Manolo de Vega. Si es la guitarra de Paco, si la guitarra de Paco no pierde pureza en los territorios en los que esté: en territorios cómplices o en territorios antípodas.
Cuando grabó con Brian Adams para la banda sonora de Don Juan de Marcos, Paco realmente lo que quería era tener suficiente dinero para pasar unas vacaciones. Creo que se fue a Jamaica o las Bermudas con toda su familia, pero realmente dejó una melodía fantástica y una banda sonora estupenda para la película con uno de los iconos del pop de la época.



Cuando desaparece Camarón, él no sólo sabía que el trono del cante flamenco estaba vacío, sino el de su corazón también.



Pero a pesar de los puristas, Paco de Lucía grabará más de 30 discos y venderá millones de copias. Tras los ojos herméticos y tímidos, encontramos a un maestro inigualable que quedará unido, para siempre, a una generación que comenzó a mirar el flamenco de frente. ¿Cómo veía la vida y cómo la trasladaba a la música?
Paco no era una persona de buen conformar, era rebelde por naturaleza. Rebelde en su vida personal y rebelde en su vida colectiva. A él nunca le gusto el despotismo y nunca le gustó que lo utilizaran los responsables públicos para intereses políticos bastardos.
Determinadas causas sí las apoyó: Lo hizo con Tierno Galván en su día y también apoyó la declaración del Flamenco como Patrimonio de la Humanidad, pero no se prestaba a campañas publicitarias a favor de los políticos, aunque estuvo en alguna fiesta del Partido Comunista.
En plena transición, Jesús Quintero le preguntó en un programa de televisión que cómo se definía si de derechas o de izquierdas y él respondió que en la guitarra se decía que “la izquierda piensa y la derecha ejecuta”. Aquello le valió una paliza por parte de un grupo de ultraderechas en la Gran Vía de Madrid. Porque Casilda, su entonces mujer, empezó a llamar a la policía y algunas personas le socorrieron, si no hubiera sido bastante serio.
También es cierto que a Paco en otra ocasión le preguntaron sobre su ideología y él respondió que se había definido siempre de izquierdas, “pero que a partir de que tuve los dos primeros millones de pesetas, ya me da un poco de apuro hacerlo”.




El resultado de las más de veinte entrevistas que le realizaste a Paco de Lucía, es el libro “Paco de Lucía en Vivo”, un reportaje de más de 600 páginas donde encontramos al hombre, al marido, al padre, al hijo, al amigo y al guitarrista.
Son muchas horas las que pasaste con él y me gustaría que me contaras algo que nadie sepa. Que me descubras algo que nadie conozca.

Pues es muy complicado, porque Paco era muy celoso de su privacidad y no tengo grandes novedades, o bueno, las tengo. Ahora mismo estoy preparando un nuevo libro y tengo una especie de tormenta interior que no sé que he dicho ya y que no he dicho ya, o que han dicho otros o que no han dicho. Lo que sé, por ejemplo, es que estuvo retrasando mucho un proyecto de hacer un disco de boleros con Rubén Blades, con un grupo de Costa Rica. En principio fue porque Rubén fue nombrado ministro de Cultura en Panamá, después porque Paco tenía una gira, pero la realidad era que él no quería hacer el disco de boleros, porque no le apetecía para nada el bolero como género musical, porque a Paco le gustaba la riqueza musical. Le habría encantado grabar con Rubén Blades, pero otra cosa, como le habría encantado grabar con los Bang Bang, que era uno de sus proyectos que estaba acariciando en Cuba, pero también Juan Forner murió y eso también lastró su proyecto.
Hace poco, la viuda, Grabiela, nos decía que lo último que hizo antes de morir, fue preparar el estudio, en su casa de México, para grabar su próximo disco que iba a ser estrictamente de flamenco.




Todo el carácter, el temperamento, la energía y la fuerza expresiva de Paco de Lucía, llegaba hasta nosotros a través de un instrumento con el que lograba transmitir lo que sentía, lo que llevaba dentro. Él la llamaba “el piano de los pobres”. Toda su vida estuvo volcada en dignificar la guitarra. ¿Consiguió que el mundo viera la guitarra con algo único?
Sin duda, antes de Paco la guitarra de concierto no tenía demasiado sentido. Ahora parece que tampoco lo tiene. Comentaba Gerardo Núñez que en casi todos los festivales que se convocan en homenaje a Paco de Lucía, no ha existido una cuota de guitarra de concierto.
Antes de la generación de Paco los guitarristas eran los escuderos del cante, a pesar de Ramón Montoya que fue concertista, a pesar de los discos que publicó Niño Ricardo o el Niño Sabicas, seguían siendo los escuderos del cante. A veces ni siquiera llevaban ni funda para la guitarra.
Eran los contables de las compañías de flamenco, porque eran los intelectuales. Habían tenido que aprender el instrumento y eso les daba un plus de intelectualidad y por lo tanto sabían hacer cuentas.
Los guitarristas en sus orígenes eran barberos, como los cirujanos. Todo  esto acaba con Paco.
Paco dignifica la guitarra y la coloca en un lugar de honor; lo que a veces olvidan sus propios compatriotas.
Recuerdo que en uno de los conciertos celebrados antes de la Exposición Universal del 92, llegó en vísperas del concierto para tocar y alguien le dijo: “¿has visto los carteles del concierto? (un concierto compartido con Plácido Domingo y con Julio Iglesias)...tu nombre tiene el mismo tamaño que el precio de las entradas”. Efectivamente, el nombre de Plácido era gigantesco, el de Julio Iglesias gigantesco también y el de Paco de Lucía aparecía en pequeñito.
Paco dijo que en aquel momento recordó una noche en la que su padre llegó llorando de una sala de fiestas, porque un señorito le había partido la guitarra, que era su herramienta de trabajo, de una patada. Él sintió que otro señorito le había roto la guitarra. Le habían roto la dignidad de la guitarra y además había ocurrido en su tierra, en Sevilla y eso no podía tolerarlo. No tocó en ese concierto. Aquello le costó mucho dinero porque estaba comprometido por contrato, pero decidió no hacerlo por intentar darle un lugar digno a la guitarra.


Paco es el guitarrista que dignificó la guitarra, pero primero fue Paco el de la Lucía, por su madre Lucía Gomes, “La portuguesa”, y poco a poco se fue convirtiendo en Paco de Lucía. Él consiguió que las ocho notas del pentagrama musical flamenco, se convirtieran en infinitos modos de flamenco para que todos lo comprendiéramos, pero ¿cómo entendía el flamenco Paco de Lucía?
El flamenco era la casa de Paco de Lucía. Era su forma de respirar.
Paco de Lucía tenía una actitud flamenca ante la vida. Disfrutaba del flamenco porque era el lenguaje que le permitía abrirse al mundo. El flamenco es un galeón pirata, no es un convento de clausura (con todos los respetos al convento de clausura), pero el flamenco permite navegar por otros muchos territorios musicales.
Ya no existen, para bien y para mal, el cuarto de los cabales. Pueden existir. Hay flamencos que  pueden encerranse entre cuatro paredes para cantar y oír el cante, pero lo habitual es que el flamenco circule por los mares del mundo: por el mar de la red de internet y por los cuatro vientos de la globalización de la cultura.



De mayor sólo le importan las voces de sus raíces; “las de mi padre...o las de mi pueblo, Algeciras”. Vuelve una y otra vez a su niñez, el destino donde se encuentra su hogar.


Hablando de mares, Paco de Lucía es mundialmente conocido por “Entre dos Aguas” una rumba alegre, chispeante. “Entre dos aguas” es la fuente, la génesis de donde fluye el caudal que llega a todos sin distinción, pero también en ella hay matices, recovecos y escollos con los que se va encontrando un agua que no encuentra límites. ¿Así se podría decir que era Paco de Lucía?
A Paco le gustaba definirse y lo hacía mucho y yo tuve la triste ocasión de recordarlo en su funeral, como una hoja de un árbol que cae en un río y el río lo arrastra y no sabe donde va a llegar. Puedes llamarle destino, puedes llamarlo azar. Él era la hoja de ese río.
“Entre dos aguas” era una rumba que estuvo a punto de no aparecer en el disco, “Fuente y Caudal”. Casi fue incorporada a última hora a ese disco y definía un momento creativo de la rumba que después tuvo eco en otras rumbas absolutamente invencibles. Y aparece en este disco, absolutamente fundamental en la trayectoria de Paco.
Pero hay mucho más que “Entre dos aguas”. Hay otras piezas absolutamente magistrales como las hubo luego en “Almoraima” o las hubo en “Yo sólo quiero caminar”, o posteriormente en “Siroco”, o por supuesto, “Lucía” y su obra póstuma “Canción andaluza”.
Paco ha sido un regalo hasta después de muerto.



¿Hasta dónde va a llegar el caudal de Paco de Lucía?
Pues  hasta donde la humanidad quiera.
Es como preguntar a dónde llega el caudal de Mozart, o el caudal de Beethoven, o el de Chuck Berry, o el Frank Sinatra, o el de todos aquellos que nos han dado un instrumento poderoso: el de la música  para amansar a las fieras.





Hablando con Juan José Téllez, Paco de Lucía es Paco. El hombre que disfrutaba sentado en la acera comiendo un tomate con sal con Camarón. El hombre que sabía que era Dios, pero un dios modesto, humilde y tímido.
Con él hemos entrado en la intimidad del genio y nos ha mostrado como el arte resucita en esta sala de exposiciones, una y otra vez, como en un ceremonial ancestral.
La guitarra de Paco de Lucía nos acompaña durante toda le entrevista. El dios del flamenco, el pájaro blanco muerto el 26 de febrero, resucita en cada una de las notas que se escuchan a lo lejos y en las palabras llenas de respeto y admiración y casi veneración  de Téllez.
Paco de Lucía, el hombre que volvía una y otra vez a su niñez y a ser Paco el de la Lucía,  seguirá siendo fuente para quienes le siguieron, caudal de sus ancestros y guitarrista de la humanidad.













jueves, 21 de agosto de 2014

"Ir de Guiso". Una institución alcalaína.

INFORMA: José Pérez de la Blanca Abril


Si nos remontamos a la segunda década del siglo pasado, ya tenemos algunas referencias de estas reuniones de amigos que se juntaban para “ir de guiso” y para pasar un rato agradable, mientras preparaban unos aperitivos y cocinaban un arroz o unos pollos en el campo.

El guiso se suele empezar a preparar el día anterior, una vez fijado el sitio y la comida a guisar, se hace el recuento de los asistentes, para poder decidir la lista de compra que se ha de realizar, el encargado de comprar, deberá madrugar, pues seguro que el cocinero, le estará esperando, dispuesto para guisar.
La carne, (la de mejor calidad), los pollos, (camperos por obligación), las cervezas, el vino fino y el ponche granizado, no pueden faltar, esto es, ni más ni menos que; “ir de guiso” en Alcalá.

En Córdoba, aunque en distinta provincia, (poca es la distancia que separa Priego de Alcalá),  no se dice “ir de guiso” sino “ir de perol”, costumbres ambas institucionalizadas que se marcan en distintas provincias, en territorios casi vecinos.

En el ritual de la elaboración del guiso, el cocinero debe estar atendido por alguien que se preocupe de suministrarle un “tente en pie” de vez en cuando y que procure que su copa, no se le quede vacía, esto le ayudará enormemente a soportar con paciencia, el calor del fogón y el rigor de la elaboración del guiso.
Antes de empezar a comer, se suele “bendecir el guiso” con una señal de la cruz, hecha con la cuchara, sobre la sartén, siendo este el pistoletazo de salida para comenzar a comer.
Otra costumbre muy antigua y que todavía se utiliza, es poner “un mojón”, esto es, poner un trozo de pan encima de la sartén del guiso, queriendo indicar que deben de abstenerse de comer todos los comensales durante un momento razonable, esto se suele hacer cuando se está partiendo el pan, por estar descorchando alguna botella de vino o por cualquier otra causa que merezca hacer una pequeña pausa en la comida.
Quita “el mojón”, el mismo que lo puso, dicen que si alguien se atreviera a comer con “el mojón” puesto sobre la sartén, éste correrá con todos los gastos del guiso en cuestión.
En los antiguos guisos, se solía comer, en la misma sartén, por eso se introdujo la conocida frase de, “cucharada y paso atrás”, con esto se mantiene a los comensales en continuo movimiento, para que de esta forma, puedan comer todos holgadamente, dando fluidez y alternancia, sin estorbarse el uno al otro, cuando se aproximan alrededor de la sartén.



 Amigos en un guiso, preparando una pipirrana, ante la mirada vigilante del maestro, Cristóbal Pio.


Tenía razón, el que decía que, “ir de guiso”, es:            

Buscar un lugar donde ir,
unas viandas para llevar,
los amigos con que contar
y el cocinero para guisar.


Un guiso histórico, fue en el que cocinó Fernando Ruiz de la Fuente y Abril, siendo Secretario del Ayuntamiento de Alcalá la Real, es la ocasión, en la que iban a guisar unos pollos con arroz, pero olvidaron comprar el arroz, lo hicieron sin el grano y no salió nada mal, fue un éxito y al guiso lo bautizaron con el nombre de “pollo a la secretaria” en honor a la esposa del cocinero, (“la secretaria”, como la llamaban por la profesión de su marido) ella fue quien tomó la decisión de que se comieran los pollos sin el arroz, así nació el típico y exquisito plato alcalaíno de “la secretaria”, entre algunas variantes que posteriormente se han ido introduciendo.

Maestros que dejaron huella en los guisos como indiscutibles artífices culinarios, fueron sin duda los Hermanos Jiménez, (Pedro y Luis), que ya les venía de tradición familiar por su padre.
Perico Jiménez, (como lo llamábamos cariñosamente), se ofrecía gustosamente para cocinar en cualquier sitio, en los guisos multitudinarios siempre se recurría a él y tenía fama de hacer el mejor arroz caldoso de Alcalá, sin lugar a dudas.
Su hermano Luis, siguió la tradición, guisaba para pocos, pero no tan asiduamente, sabía darle al arroz, (con su peculiar retórica), un punto, un sabor y un toque que nadie conseguía.
Todos aprendimos mucho de ellos.
Hoy día, destacan y siguen la costumbre de los guisos tradicionales, (entre otros), maestros como Nito Gutiérrez (Guti), que suele sorprender a los amigos con arroces caldosos magistrales o con unos pollos camperos a su peculiar estilo, e incluso sin desgana ni pereza alguna, está dispuesto en cualquier momento, para viajar a otros lugares, desplazándose con su paleta, su fogón y su sartén, a que conozcan la gastronomía alcalaína, en los sitios más recónditos de nuestra geografía.

¿Quién no alternó alguna vez en la barra de un bar, con Cristóbal Pio y Lola Bermúdez?
Los dos, personas buenas, entrañables y muy queridos por todos en Alcalá e incluso fuera de nuestro término, sobre todo por su gran generosidad, su agradable compañía y su incondicional hospitalidad, ofreciendo desinteresadamente a todo el mundo su propia casa (La Huerta de Pio), tantas y tantas veces, durante casi medio siglo, para infinidades de eventos, celebraciones, homenajes o simplemente reuniones de amigos.
En los calurosos días del mes de agosto, mientras se guisaba el arroz, se degustaba un ponche fresquito, con unos aperitivos, al cobijo de la sombra de la gran noguera que presidia la Huerta, entre charla y copa, algunos guisos se prolongaban en el tiempo, hasta altas horas de la madrugada, otros, (los menos), hasta cuando despuntaban los primeros rayos de sol y ya se escuchaba en la lejanía, el canto del primer gallo madrugador.
Paradójica y curiosamente, yo me he encontrado a gente que no conocía Alcalá, pero habían estado en un guiso en la Huerta de Pio.

No quiero olvidar a tantos y tantos amigos que tan solo con su acto de presencia en los guisos, han ayudado a potenciar y a mantener estos, siempre en auge.
Antiguamente ¿quién se figuraba, un guiso en Alcalá, sin Cristóbal Pio, Manolito Durán, Gregorio Montañés, los hermanos Piñas, el Chirri, Rafael y Luis Abril, Curro Figueruela, Paco Casanova, Pepe Marín, Manolo Martínez (madrileñito), Alfonso Ayerve, Vale Montañés, Juan Sánchez-Cañete (Nani), Fernando Izquierdo, o Rafalín Bermúdez, etc. etc.?
En muchas ocasiones, también solía hacer su aparición Manolo Cano, quien se encargaba de amenizar la reunión con los acordes flamencos de su magistral guitarra, para disfrute y deleite de todos los asistentes.
Todos ellos fueron los que supieron mantener la tradición, nosotros ahora debemos continuarla, ya que está en nuestras manos, hacer seguir para generaciones futuras, lo que no se puede perder, por ser hoy por hoy, instituciones de nuestro pueblo.