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lunes, 26 de enero de 2015

Rostros del Mundo. Un tiempo después.

 Fotografías @jllpaneque
 
En 1991, el mismo año que comenzaba a estudiar “Imagen y Sonido”, comenzaba mi andadura como profesional de los medios de comunicación. La imagen siempre había estado presente en mi vida y ya desde los ochenta una vieja Werlisa era amiga inseparable de juegos y experimentación.

En 1995 comienzo de manera más estable a trabajar y por lo tanto a viajar. Este es el origen de esta exposición que durante el año 2002 estuvo itinerante por diversas salas expositivas en Málaga, Jaén y Sevilla. “Rostros del Mundo” es la selección de momentos captados con una cámara analógica a modo de retrospectiva del periodo comprendido entre los años 1997 y 2001, años que viajé por diferentes países de 4 continentes  conociendo a personas que calaron en la personalidad que me comenzaba a forjar.



En la selección se pueden encontrar sujetos dispares en edad, estatus social, intereses vitales, valores morales y religiosos. Características que al igual que nos diferencia, y en ocasiones nos distancian, nos hace más tolerantes cuando las conocemos y les brindamos el respeto que merecen.


La fotografía que abre esta entrada, "EL BARBERO" se realizó en Jerusalem, Cisjordania en 1997. El barbero del barrio musulmán de la Medina de Jerusalén espera paciente la llegada del primer cliente de la tarde. La música procedente de una radio es su compañía mientras contempla el paso de viajeros.



ESTATUA HUMANA
París 1999

Las calles de Montmatre en los alrededores del Sâcre Coeur son un hervidero de creadores que destacan en diferentes modalidades y manifestaciones artísticas.

ACORDES INFANTILES
París 1999

Es fácil toparse con músicos de distintos países en los callejones de la cosmopolita capital francesa.


MÚSICA EN SOLEDAD
París 1999

Las entradas de La Place de Vosges son ocupadas por músicos ambulantes que amenizan los paseos.



EL CHOLLO
París 1999

La multiculturalidad  y colorido de los mercadillos te transporta a ciudades de países africanos o americanos.



KADOUR
Marruecos 1997

Kadour abrió las puertas de su casa de abobe, y narraba que se desmoronaba con la humedad del invierno en Bugarda, una minúscula aldea junto a un pozo de herencia francesa ubicado en el pre-desierto que se extiende al norte de la cordillera montañosa del Atlas. 


MADRE DE KADOUR
Marruecos 1997

La anciana matriarca narraba con alegría y añoranza que su belleza formaba parte de otros tiempos.

ENTRE HABAS
Bugarda, Marruecos 1997

Desde niñas, las mujeres de las familias de las zonas rurales llevan el peso del sostenimiento alimentario mediante la realización de labores de labranza, siembra y recolección de vegetales.  


PASTORCILLA
Bugarda, Marruecos 1997

Al igual que las labores agrícolas, las del pastoreo también recaen en los más pequeños y sobre todo en las féminas de las familias rurales. Desde edades tempranas van desarrollando habilidades que les permiten integrarse con el medio en el que habitan. 

LOS CAMELLOS TAMBIÉN POSAN
Jerusalem, Cisjordania (Israel) 1997

Encrucijada de culturas y religiones en los callejones la milenaria ciudad sagrada. El turismo de carácter religioso de las tres grandes religiones monoteístas es una importante fuente de ingresos para Israel.

ORANDO AL MURO
Jerusalem, Cisjordania (Israel) 1997

El Muro de las Lamentaciones es lugar de peregrinación de los judíos de todo el mundo. Sus milenarias piedras son testigos directos de la fé que despierta esta gran religión monoteísta.

BIBLIOTECA SOLO PARA HOMBRES
Jerusalem, Israel 1997

La biblioteca que conserva los Torá más antiguos y de ediciones más sorprendentes se encuentran en la parte del muro destinada a los varones.  

LA OFRENDA
Bang Honk, Thailandia 1997

La sonriente capital tailandesa se encuentra repleta de templos y rincones sagrados donde los budistas realizan sus ofrendas en forma de alimentos, quema de velas o inciensos. 

POLUCIÓN
Bang Honk, Thailandia 1997

La contaminación ambiental producida por el tráfico es alta y llega a ser cotidiano encontrarse a personas usando mascarillas para minimizar el respirar aire toxificado.


LA COMPRA
Pong Peng, Khao Yai National Park Thailandia 1997

En el medio rural la vida transcurre a otro ritmo y los desplazamientos se realizan de forma colectiva.

VUELTA AL COLE
Khao Yai National Park Thailandia 1997

Las hileras de niños y niñas como hormigas se veían aparecer y posteriormente desaparecer a la hora de la escuela.


LAS MUJERES ESPERAN
Panamá, Panamá 2000

Dos mujeres del pueblo indígena Kuna Yala esperan en una esquina del colonial barrio viejo de la ciudad de Panamá.

A LAS PUERTAS DEL CENTRO MÉDICO
Chiriquí, Panamá 2000

Una familia Gnobé esperando la visita del médico. Los Gnobé, los Bugle, como la mezcla de ambas, los Gnobé-Buglé son pueblos indígenas que practican la poligamia masculina.

AMORES QUE MATAN
Fez, Marruecos 1998

Los niños a diferencia de las niñas muestran su cariño de una forma más efusiva.

LA ABLUCIÓN
Estambul, Turquía 1997

Los musulmanes purifican su cuerpo antes de realizar las oraciones diarias.

AMOR EN FERIA
Sevilla, España 1997

Bailar, beber, enamorarse, ese es un buen comienzo de feria.



PREPARANDO KEFTA
Taza, Marruecos 1998

La poca higiene de la comida preparada en plena calle no le resta interés a su degustación.


METRO DE PARÍS
París, Francia 1999

Londres, Madrid, Nueva York, un metro siempre es un metro en una gran ciudad.

RISAS BAJO EL MONZÓN
Khao Yai National Park, Thailandia 1997

La simpatía de los pobladores no se pierde ni bajo las torrenciales aguas del monzón.




jueves, 28 de agosto de 2014

Joaquín Ceballos. Pedaladas solidarias




Fotografías cedidas por Joaquín Ceballos


Joaquín Ceballos acaba de regresar de vivir una experiencia que ha marcado su personalidad para el resto de su vida.

Joaquín era comercial del sector metalúrgico hasta marzo del presente año, momento en el que se quedó parado. El desempleo no le asustaba pero en sus acciones de voluntariado había llegado a conocer la desgracia que están viviendo los pobres de solemnidad y aquellos pobres sobrevenidos por la situación que nos ha tocado vivir. Él siempre había participado con su esfuerzo pero hasta hace unos meses descubrió otra forma de hacerlo.

Desde que supo que en su trabajo lo destinaban de manera permanente al desempleo, Joaquín decidió hacer en bicicleta el camino de Santiago por la tradicional ruta de la Plata, partiendo de su ciudad, Sevilla, hasta culminar en la gallega Santiago de Compostela. Contaba con el apoyo de su familia, pero a unas semanas de salir la idea de vender los kilómetros y donar los beneficios de la venta a la ONG con la que él colabora le hizo comenzar a recibir el apoyo de muchos desconocidos que de alguna forma querían contribuir a la aventura de este solidario ciclista.

Joaquín deja Sevilla a su espalda la mañana del once de agosto y consigue su compostelana el veintitres de agosto, doce días de historias y vivencias que han llenando sus alforjas de experiencias.





¿En qué momento decides convertir tu aventura en una acción solidaria?
Pues solo unos quince o veinte días antes de mi partida. Yo primero se lo consulte a un amigo que me dio todo su apoyo y fue cuando se lo propuse a S.O.S. Ángel de la Guardia.

¿Porqué lo haces con SOS Ángel de la Guardia?
Para mí estaba claro, soy socio y voluntario de esta ONG.

¿Desde cuando eres voluntario?
Desde hace un año, el tiempo que tiene dicha ONG.

¿Qué labores realizas como voluntario?
Todo lo relacionado con la recogida de alimentos procedentes de Supermercados, clasificación y entrega en los comedores sociales.

¿Qué es lo más doloroso que vives en tus acciones?
Ver que hay personas que realmente lo pasan mal. El peor momento es cuanto te dan las gracias, te emocionas muchísimo.

¿Y lo más gratificante?
Ver las caras de las personas, con sus ojos dicen muchas cosas.

  
Has realizad más de mil kilómetros ¿qué has aprendido?
A valorar lo que sí tengo. Verás, me quede parado en marzo y solo sabía darle vueltas a la cabeza y agobiarme. Ahora, sé lo que no tengo y lo mucho que sí tengo.

¿Has tenido algún contratiempo?
No muchos. De hecho, mecánico ningún problema. En Galicia no se respeta al ciclista, eso me ha parecido. El día que hice el tramo de Puebla de Sanabria hasta A Gudiña fui atropellado por un coche, que además se daba a la fuga. Gracias a otros ciclistas que venían detrás y se atravesaron pudieron hacer que parara el conductor.

¿Pensante en algún momento en retirarte?
No, en retirarme no. Pero, El primer día fue un día muy duro. Con el calor, las cuestas pronunciadas en el tramo de Almaden de la Plata hacia Real de la Jara,... Cuando llegué a este punto eran casi las cuatro de la tarde, quería dormir en Monesterio. Estuve tentado de quedarme esa primera noche en Real de la Jara.



¿Se han llegado a vender el patrocinio de todos los kilómetros?
Bueno, hasta la fecha no. Pero soy optimista. Pienso que son transferencias desde otras entidades bancarias y no llegan el mismo día. Además del fin de semana. Confío que esta próxima semana lleguen más "Kilómetros SOLIDARIOS" e incluso lleguemos a superar la cantidad real que he hecho.

¿Cuál ha sido la etapa más dura? ¿porqué?
Ha habido varias muy duras. La Primera como te comentaba y después una vez que entras en Galicia. Aquí no hay un tramo llano. La salida de Ourense es durísima. Ese día llegue a dormir a Laxe. Me sentía totalmente vacío los últimos kilómetros.



¿Has recibido apoyo telefónico además del familiar durante tu viaje?
Sí, muchísimo. Todas las noches yo publicaba en mi perfil de facebook mi "Cuaderno de Viaje". Ahí contaba como había transcurrido el día, por donde había estado y los kilómetros que había hecho. Me sorprendía recibir tantos “Me Gusta”, tantos comentarios, y que compartieran "mi estado". Incluso de personas que no conozco.  Whatsapp de amigos. Muchisimos apoyos.

En ese momento ¿Se agradece o te entra morriña?
Se agradece mucho. Sabes que no estas solo. Que hay muchísimas personas detrás de ti, pendiente de lo que haces y de como te va.

Llegas a Santiago, ¿Y ahora qué?
Descansar un poco, aprovechar para conocer la ciudad y deseando volver a Sevilla para ver, abrazar y besar a la familia.


¿Qué va a ser lo primero que hagas cuando regreses a Sevilla?
Ver a mi madre, mi mujer, mi hija y al resto de la familia. Han estado todos ahí apoyándome.

¿Quieres aportar algo más?
Dar las gracias a todos los que han comprado algún "Kilómetro SOLIDARIO". Nada es poco. Todo llega a cifrar. El próximo mes de septiembre, la ONG S.O.S. Ángel de la Guardia realizará una convivencia donde a todo el que ha colaborado en la compra de "Kilómetros SOLIDARIOS" se le entregará un certficado con su tramo comprado.



viernes, 8 de agosto de 2014

Canal du Midi. Crónica de un viaje en bicicleta



Texto y Fotografías: Mar Márquez Espinós y José Luis L. Paneque


Si  te gusta la naturaleza, montar en bici y aún no tienes planes para tus vacaciones, recorrer algunas de las vías verdes de los canales del sur de Francia es sin duda una gran opción, más aún si te acompañan niños, que convertirán el recorrido en una aventura para exploradores intrépidos.


Nuestro recorrido empezó en la bella ciudad de Toulouse, que bien merece un par de días de visita. Dejamos nuestro vehículo relativamente cerca de la estación, en una avenida transitada bajamos las bicicletas, alforjas, carrito y todo nuestro equipaje que organizamos como mejor pudimos entre las bicis y el carrito que, aunque es para transportar niños, nosotros los utilizamos para llevar parte de nuestra carga, como la tienda, sacos, aislantes, camping gas y utensilios para cocinar, además de algo de comida. En las alforjas llevábamos la ropa de los tres, dos adultos y una niña de nueve años.


Alrededor de las 12:30 iniciamos nuestro viaje a lo largo del Canal du Midi, sin guías, sin mapas, conscientes de que sólo se trataba de un camino junto al canal más antiguo de Europa, todavía en uso, que no había que dejar a no ser que quisiéramos visitar alguno de los muchos pueblecitos circundantes. Doscientos cuarenta kilómetros de camino hasta llegar al Mediterráneo se abrían ante nuestros ojos y no más de una semana para realizarlos. Rápidamente nos dimos cuenta de que una orilla estaba asfaltada y la otra no y tomamos la asfaltada para pedalear lo más cómodamente con el carrito.


El día se presentó gris y a ratos una ligera lluvia nos refrescaba. Cuando apretaba nos refugiábamos en alguno de los múltiples puentes que cruzan el canal y casi, sin darnos cuenta, dejamos Toulouse y fuimos pasando esclusas, barcos y pueblos. El camino era muy bonito y ameno, al menos en esta primera etapa en la que pudimos constatar que muchas esclusas están bien preparadas con servicios, agua y espacios para acampar y además los primeros 40 kilómetros están asfaltados. Fuimos dejando varios indicadores de alojamiento, bares y puestos de comidas. En uno de ellos nos paramos y nos tomamos una galette. Si no queréis ir cargados, es totalmente factible hacer el  canal apenas con una alforja, puesto que lugares donde dormir (camping, chambres d’hòtes, hoteles) y donde comer (table d’hòtes, restaurantes, bares y kioskos ) salpican el itinerario.



Tras pasar Montferrand dejamos una especie de bifurcación del canal que nos planteó  dudas sobre el camino correcto “la rigole du Canal du Midi" o “de la Pleine”,  sobre todo porque coincidió con un momento de lluvia intensa; a partir de aquí el camino se complicó bastante por el fango, las piedras y las raíces, pero sobre todo los charcos y el fango que ralentizaron bastante la marcha. Aún así continuamos hasta la esclusa de la Méditerranée, a unos 10 kilómetros antes de llegar a Castelnaudary, donde encontramos una pequeña explanada donde acampar, comernos unas latas de fabada y descansar no si antes intercambiar saludos y conversación con una francesa y una canadiense que decidieron acampar en la misma esclusa.



Al día siguiente nos levantamos, desmontamos y emprendimos la marcha con la idea de desayunar en Castelnaudary,  donde aprovechamos para comprar unas baguettes y quiches para el camino, además de visitar la ciudad y la oficina de turismo donde nos facilitaron un mapa del Canal du Midi con los puntos de agua. Pasamos por tramos complicados que hizo que los tres nos cayéramos e incluso que el carrito volcase una vez. Patos, lagartos ranas, martines pescadores e incluso un cervatillo se nos cruzaron a lo largo de los 50 kilómetros de recorrido hasta llegar a Carcasonne, el final de nuestra segunda etapa. La entrada a Carcasonne fue muy complicada siguiendo las indicaciones de los vecinos a quienes preguntamos, dimos muchas vueltas e hicimos algún tramo de carretera en el que los coches iban bastante lanzados. Para que no os ocurra lo mismo os vamos a dar las indicaciones para que podáis llegar directos y sin problemas.


Cuando el camino del canal llega a la población por su margen izquierda, llega un momento en el que se corta. Esto coincide con una salida a una carretera con un puente. Pasamos debajo del puente y subimos la calle en cuesta en paralelo al canal. El final de la cuesta nos deja a los pies de un puente, lo cruzamos y  continuamos por el Bd. Omer Sarraut unas seis manzanas hasta el cruce con el Bd. Jean Jaurès que lo descenderemos hasta la plaza Souare Gambetta, desde allí  bajamos por la rue du Pont Vieux que nos conducirá al Puente Viejo. Una vez nos encontremos al otro lado de río Aude giramos a la derecha y a los pies de La Citè recorreremos la rue Dujardin Beaumetz dirección sur, luego enlazamos con la rue Michel Maurette y antes de que la calle se abra hacia la izquierda existe un camino ajardinado a la derecha que rodea el parque de la isla y que indica la dirección del camping. En tres minutos estaréis en la puerta de un camping grande con bastantes servicios y actividades para los niños aunque la zona de los campistas que llegan en bici no sea ni tan sombría ni tan llana como la del resto de campistas.



Nos instalamos y conocimos a una pareja muy simpática y positiva, madrileño y sueca con acento malagueño que viajaban en bici con un perro, eran Pete, Sue y Zip. Ellos nos contaron su plan de viaje hacia Narbonne por el canal de La Robine el cual nos pareció interesante y de esta forma dimos un giro y cambiamos nuestro rumbo.


Nuestra tercera etapa fue de descanso, colada  y visita de Carcasonne. Decidimos explorar la ciudad en bici, esta vez sin carga, y nos adentramos por un camino sin tráfico que va desde el camping hasta la “Cité”, el casco histórico amurallado, una ciudadela medieval perfectamente conservada a pesar de haber estado en pleno declive por el auge de la ciudad del otro lado del río Aude, La Bastida de S. Luis. La ciudadela no se puede visitar en bici, pero sí en tren (en el trenecito turístico, claro), así que amarramos las bicis abajo, dudamos entre rampa o escaleras y finalmente optamos por la rampa para ascender a los tres kilómetros de muralla que encierran esta antigua ciudad y su castillo condal del siglo XII. Pudimos descubrir que Carcasonne en verano es una ciudad repleta de vida cultural gracias a su festival que abarca desde finales de Junio hasta principios de Agosto, con espectáculos gratuitos y de pago, en espacios interiores y exteriores. Circo, danza, ópera, música clásica, teatro y conciertos como el que vimos nosotros del cantante Soan en la place Carnot en La Bastida, a la que llegamos en bici después de dejar la ciudadela.

Ciertamente no pudimos dedicarle más tiempo a la ciudad y sus alrededores, pero si estás programando visitarla y vas con niños, quizás puedas incluir una jornada en el lago de Cavayère, un embalse para el ocio con juegos, deportes náuticos, zonas de baño y paseo o un itinerario visitando castillos cátaros o abadías. Muy cerca también para explorar, se encuentra el valle de l’Orbiel encajonado en la Montaña Negra de donde se nutren las aguas del Canal du Midi.


Al día siguiente retomamos nuestro viaje en bicicleta por el canal. Salimos tarde tras avituallarnos y en dirección a la estación encontramos nuevamente la vía verde. Era una jornada calurosa y la vegetación no era tan abundante debido a una plaga que ha acabado con muchos plátanos de sombra, por lo que pedalear se hacía duro. Llegamos hasta Trèbes y allí, tras encontrarnos y saludar a Pete, Sue y Zip, nos paramos junto al río a comer cerca de unos paisanos que jugaban a la petanca. Las siguientes esclusas se encontraban más distanciadas que las de jornadas anteriores y no todas tienen agua potable. El calor nos obligaba a pararnos buscando la sombra para hidratarnos y a pocos metros de la esclusa de Fonfile nos refrescamos con agua fresca y potable. A tres kilómetros y medio de allí, la parada en la esclusa de l’Aiguille es obligatoria si quieres disfrutar de una gran exposición de esculturas realizadas con materiales reciclados. ¡Ojo con tocar!, a las avispas les gusta anidar en los hierros calentitos.




El sol descendía y comenzamos a plantearnos donde acampar y vimos que el lago Jouarres estaba cerca lo cual podría ser una opción. En la esclusa de Jouarres nos dieron las indicaciones para llegar directamente al lago, el cual tiene un acceso en forma de playa y en él se practican deportes náuticos, pero no vimos ninguna zona acondicionada para acampar puesto que el pinar cercano a la orilla estaba en cuesta, así que buscamos una zona más alejada del núcleo urbano principal y acampamos justo al anochecer.

Durante la cena disfrutamos del espectáculo natural de una tormenta veraniega en la lejanía iluminando el paisaje montañoso entre las nubes. A las seis de la mañana el viento de la bucólica tormenta zarandeaba la tienda iglú y nos despertó para avisarnos de lo que venía en minutos. Metimos las alforjas en la tienda y comenzamos a recoger. A las siete despertó nuestra hija y seguía lloviendo. La cuarta jornada ciclista o quinta del viaje se presentaba complicada. Desayunamos en el interior de la tienda y allí nos mantuvimos hasta que una tregua permitió ponernos en marcha. La tienda tenía tres charcos pues las costuras supuestamente termoselladas ya no existían, por lo que decidimos soltar lastre, la doblamos de mala manera y nos deshicimos de ella en cuanto pudimos. Al rato de estar en ruta, a un kilómetro de Homps, pinchamos. Murphy también viaja. El camino continuaba por la margen derecha del río hasta Le Somail. La orografía del canal es diferente en algunos tramos de este trayecto ya que conserva la forma original del paisaje dibujando pequeñas lomas que van descendiendo levemente en altura, hasta lograr la cota cero en el Mediterráneo.

En esta jornada pasamos algunos pueblos interesantes de recorrer como Ventenac-en-Minervois con su castillo y bodega cooperativa, donde nos detuvimos y almorzamos con mesa y mantel a la hora francesa. Tras llenar nuestros botes con agua fresca continuamos nuestro camino y nos detuvimos en Le Somail convencidos de encontrar allí nuevamente a nuestros nuevos amigos Sue, Pete y Zip, con los cuales decidimos continuar viaje. Hacía un calor sofocante así que cuando íbamos a cruzar el río Aude donde algunas personas se bañaban, un deseo unánime de refrescarnos nos invadió y nos detuvimos un rato para disfrutar del entorno. Continuamos nuestro camino y sin darnos cuenta llegamos a Port La Robine inicio de este canal de 32 kilómetros, ramal del Canal du Midi y Patrimonio de la UNESCO como aquel.


El cielo devenía gris y nos apremiaba continuar para encontrar un sitio donde dormir, puesto que ya no teníamos tienda. Llegamos a Sallèles-d’Aude, el primer pueblo del Canal de La Robine y comenzamos a buscar alojamiento. En ese momento empezamos a tomar conciencia de que estábamos en Julio y fin de semana y aunque buscamos concienzudamente no tuvimos más opción que aceptar la hospitalidad de nuestros amigos en el camping, aunque una tienda pequeña para cuatro adultos, una niña y un perro nos parecía inviable, pero al menos había algo por lo que empezar, la última parcela libre del camping municipal. Llegamos y la recepción estaba cerrada, pero un cartel avisaba de alerta naranja por mal tiempo. Cogimos dos mesas de jerdín que había junto a recepción y con un plástico grueso y grande que llevábamos montamos un vivac improvisado para dos, pasando la niña a dormir en la iglú con nuestros amigos y el  perro. Al rato abrió recepción y procedimos a solicitar el permiso de lo que ya habíamos tomado prestado. Sin problema de ningún tipo la encantadora señora del camping incluso intentó buscar una tienda entre los miembros de su familia pero no hubo éxito; estaba más preocupada por nuestra seguridad que nosotros mismos. Paseamos por Salléles d’Aude y cenamos en una gratísima compañía. Afortunadamente las previsiones metereológicas no fueron en absoluto precisas y no cayó ni una gota de agua. Para nosotros fue la noche que mejor dormimos, sin las patadas y codazos de nuestra niña, quién sabe si para Sue, Pete y Zip no fue la peor.



La última mañana amanecía soleada tras la amenaza de alerta naranja por lluvia y viento que no llego a presentarse. Tras desayunar y recoger nos dispusimos a realizar los últimos dieciséis kilómetros hasta Narbonne. El camino parecía fácil y marcado pero no contábamos con las reivindicaciones de los ecologistas y el corte del acceso a la altura del río Aude en su intersección con el Canal de la Robine. Las indicaciones de un ciclista de la zona nos puso en el camino al darnos la clave de superar el río por un puente de hierro tipo Eiffel que soportaba una vieja vía de tren hoy en desuso. El paso de la misma resulta complejo con un carrito de dos ruedas por lo que para evitar reventones tuvimos que empujarlo hasta llegar al otro lado del puente. Al final a la derecha hay un estrecho acceso que da a una pendiente de piedra que compone el pilar del puente de hierro. El carrito lo desenganchamos de la bicicleta para poder pasarlo a pulso por encima de la reja ya que no pasaba por el acceso. Tras este incidente el camino volvió a su orografía habitual de plátanos de sombra a ambos lados del canal y en una hora comenzamos a ver las primeras edificaciones de Narbonne.



El canal de la Robine concluye en Port-la-Nouvelle pero para nosotros la ciudad de Narbonne era el destino ideal por su conexión directa con Toulouse, donde teníamos nuestra furgoneta. Tras reponer fuerzas y aliviar el hambre y la sed nos separamos y despedimos de nuestros amigos y uno de nosotros fue a Toulouse a recoger nuestro vehículo motorizado. Tras hora y media de tren y un par de ellas más de conducción nos volvimos a reunir en Narbonne y tras disfrutar de la ciudad nos dirigimos a la playa, en el Mediterráneo a pasar la última noche de nuestro viaje en bicicleta.

martes, 5 de agosto de 2014

Tierra, aire y mar


INFORMA: Alba Quintero/@Alba_Quintero_
Fotografías: Alba Quintero


Sol, gaviotas y bullicio es lo primero que encuentro cuando llego a Génova, “Zena”  en dialecto genovés. Esta ciudad italiana de la región de la Liguria me acoje entre sus calles con aire antiguo y moderno a la vez. Desde los majestuosos edificios señoriales hasta las callejuelas separadas unas de otras apenas por metro y medio. Las casitas de falladas coloradas en el puerto parecen de otra época. “Zena” siempre ha llevado una vida marinera, unida, como no podía ser de otra forma, al antiguo puerto. Pescadores, que aún se ven, entremezclados con los grandes cruceros que desembarcan para llenar la ciudad de turistas.




Y en este mismo puerto encontramos un lugar especial, el acuario más grande de toda Italia y el segundo  más grande de Europa, después del oceanográfico valenciano.




 
Ésta gran pecera de Génova fue inaugurada en 1992 con motivo de la Expo en la que se celebraba el quingentésimo aniversario del descubrimiento de América. En aquel momento se convirtió en la segunda más grande del mundo con una superficie de 9.700 metros cuadrados.


 Este mundo marino se encuentra entre los seis primeros monumentos más visitados de Italia, detrás del Vaticano, las ruinas de Pompeya, el Palacio Ducal de Venecia, la Galería de la Academía y el Corredor Vasariano de Florencia.

 
Si nos sumergimos en estas profundidades marinas encontramos más de cuatrocientas especies diferentes, entre ellas manaties, tiburones, peces del acantilado coralino o animales antárticos, que no se encuentran en ningún otro acuario de Europa. Y por ello también dedican un espacio a la Antártida, un lugar lleno de curiosidades, e incluso donde encontramos la vestimenta necesaria para descubrir este gran trozo de hielo.




Pero no solo los amantes del mundo acuático pueden disfrutar de esta estructura, también encontramos una biosfera que reproduce un ambiente tropical con especies distintas como aves, reptiles o anfibios.


El fondeadero genovés decide resaltar también las alturas, y para ello el arquitecto Renzo Piano crea un ascensor panorámico de cuarenta metros que ofrece un giro de 360° para observar la mezcla de edificios modernos y grises con otros antiguos y pintados con una amplia paleta de colores, también el laberinto único e histórico de los “Caruggi”, estrechos pórticos y callejuelas sombredas de la rivera Ligure.



Un lugar mágico. Tomad aire y dejaros llevar.